Oye_escucha

Testimonio Conchi Zafra

Hola, Soy Conchi Zafra, hermana de Antonio Zafra y también soy sorda. Como él, yo era oyente en mi infancia y a partir de los 18años empecé a quedarme sorda, un día me levanté y no oía nada, NADA, me asomé a la ventana para ver si había gente y tráfico. Había camiones, el autobús subiendo la cuesta, gente y mucho tráfico. Salí a la terraza, no escuché nada, no sabía que hacer. A partir de ahí, como en una pesadilla veía a la gente mover los labios, pero yo no podía entender nada, sentí como una especia de vergüenza de mi misma. ¿Qué me estaba pasando? Y ya no escuché más, solo el silencio. Fui a médicos y me dijeron que no podían hacer nada por mí, algunos incluso no me cobraban la consulta. Cuando me quedé sorda, sólo iba al trabajo en la gestoría, me acostaba el viernes por la tarde y me levantaba el lunes por la mañana para ir al trabajo de nuevo, sólo me levantaba a ducharme y a comer. Mi madre me decía que tenía que ser fuerte y que tenía que luchar por salir adelante. Así que poco a poco empecé a prestar atención a el movimiento de los labios, veía el telediario, entonces no había subtítulos e intentaba enterarme de lo que decía la presentadora, así aprendí a leer en los labios.

Mi hija desde pequeña me sirve de intérprete en todos lados, aun siendo bebé, no sé cómo, pero sabía que yo no escuchaba. La familia de mi marido son de Canarias y mi suegra cuando venía verme me decía, ahora que estoy yo aquí, no te preocupes, yo te digo cuando llore la niña. Y le digo: la niña no llora. Claro que sí, mujer, es que tú no la oyes, me dice. Después, se dio cuenta que no, que no lloraba, cuando tenía hambre sacaba la lengua muchas veces y rápidamente de la boca, y cuando tenía sed sacaba la lengua despacio. También cuando ya hablaba era ella la que cogía el teléfono, con tres años. Cuando se dirigía a mí movía mucho los labios y me llamaba con la mano, a mi marido que es oyente, le hablaba normal y si quería algo se lo decía hablando fuerte si estaba en otra habitación. Recuerdo una vez, que era muy pequeña, tenía sed y me trajo una garrafa de agua de 4 litros arrastrando desde la cocina, me toca la mano y me dice “mamá abua”